miércoles, 14 de abril de 2010

Mar y brisa para noche.


Tu de aquellas historias, siempre en mi mente, plasmada de tanta arena y mar, aún recuerdo los buenos momentos. Aún queda en mi mente, el recuerdo de una puesta de sol, de un frio de mar, de una sensibilidad de tus ojos.


Aún queda el aroma de piel, y en la noche vagamente he caminado, y tú has estado detrás con tus pensamientos llamándome, y con tu rostro echado a reír y otras veces a llorar. Pero por estas noches, no distingo el bien la expresión de tu rostro. Pero si siento como palpita tu corazón cuando mis manos comienzan a jugar y hacer un arte en tu cuerpo, y muy rápido dignas a explotar, y es como si volaras dentro de nuestra tierra, es como si pidieras a gritos, vuela conmigo.



Y muy dispuesto a volar, me pierdo toda la madrugada con tu aroma, y es hora de amanecer, el sol está a punto de salir. Muy vagamente la flojera te gana, y dejamos de ver el amanecer que hay ante nosotros, y salgo cuando el día quemas más que todo, me siento libre y huyo a todo, siente la brisa del mar, y el viento que muy debajo del techo a punto de caerse sopla muchísimo. ¡Qué gran lugar he conseguido!.


Y como rayos te vuelves el dulce de una parte de mi vida, como cae el día, y viene la puesta del sol, ahora el calor está más próximo a nosotros, corro unos metros en toda esta arena, quiero intentar ver una vez más el atardecer. Lo miro a su lado, pero de un momento a otro, no nos damos cuenta y la noche ya hace callando bajo nosotros.


Y con el frío de una nueva noche intento no separarme de ella, y quizás jugarme a perderme si. Pero sólo con ella.